Mi segunda vez en Chiapas

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Era el comienzo del mes de Diciembre del año 2014, las fiestas navideñas y de fin de año se sentían cada vez más cerca, la gente estresada en las atiendas comerciales comprando cosas que en muchas ocasiones terminan en desuso los primeros días del mes de Enero, el tráfico incrementando, la temperatura disminuyendo y los árboles navideños decorando cada rincón de la ciudad.

Por mi parte, me encontraba ya ansioso por que llegará el 26 de Diciembre, ese día me encontraría por segunda vez con uno de los lugares más místicos y fascinantes que tiene México, Chiapas! Sabía que el lugar que iba a visitar sería bastante frío por la noche, así que empaque ropa de invierno y estaba listo para volar desde Toluca hacia Tuxtla Gutierrez. Esta ocasión hice un viaje de mochilero, decidí no invitar a nadie ya que quería ver Chiapas desde un enfoque solitario, conectándome con el lugar al máximo.

Llegué al aeropuerto de Tuxtla y tome un colectivo a San Cristóbal de las Casas, llegué de noche y el frío estaba pegando, pero eso no importó en ningún momento, San Cris es mágico, cálido, único, la temperatura pasa a un plano muy lejano cuando un lugar tiene tanta esencia, desde la central de San Cris, caminé hasta mi hostal, justo al lado del mercado y del tempo de Santo Domingo. El hostal estaba repleto de muchos más mochileros como yo, en búsqueda de aventura, en búsqueda del México prehispánico.

Justo al lado de mi cama estaba un curandero de Morelos, quien llevaba 27 años curando y aprendiendo técnicas mexicanas para aplicarlas en su temazcal de Cuernavaca, una persona tan autentica, nos conectamos de inmediato, me enseñó algunas de las técnicas que se usan en Chiapas para curar el cuerpo y la mente humana, algo que nunca había vivido, practicas fuera de la medicina tradicional y moderna que se usan en las grandes ciudades, esta fue mi primer enseñanza en el destino, muchas veces estamos perdidos en el mundo moderno y nos olvidamos que hace no mucho tiempo, los mexicanos vivían de una manera totalmente diferente, este tipo de vida todavía conserva gran autenticidad en muchos pueblos de nuestro país y en muchas ocasiones, las costumbres y prácticas de ellos son sumamente más efectivas que las que usamos en el “mundo moderno”.

El ambiente de San Cristóbal en esos momentos era increíble, vísperas de año nuevo, camaradería por doquier, mucho vino, mucho café, choque de culturas locales, todos los extranjeros, simplemente impresionante… para que se den una idea más clara, San Cris tiene 12 lenguas oficiales mexicanas y el 22% de su población es de otro país, imaginen la riqueza cultural, ideológica, gastronómica, un deleite por donde se le analice.

Mi visita a Chamula fue de nuevo todo un éxito, este pueblito tan cercano a San Cris, te llena de México, hace que tu piel se ponga china, que tu cuerpo vibre y que sientas tan cercanamente esa conexión con el México antiguo, con tus propias raíces, donde no se habla el español, con tus lenguas nativas, con la magia de tu esencia. Esa ocasión fui con una chica de Israel que estaba en el hostal, solo imaginen el impacto cultural que para los mexicanos representa visitar estos lugares, ahora piensen lo que representa para los extranjeros, siempre terminan más enamorados que nosotros de nuestras raíces, algo triste, pero cierto.

Sinceramente esta visita a San Cristóbal tenía entre otras cosas, la búsqueda de una chica que había conocido 2 meses atrás en Querétaro, todo fue sumamente fugaz, pero había algo que me hizo viajar a Chiapas a buscarla. Solamente la vi 2 días en San Cris, ella no estaba lista para intentar algo conmigo, otra vez algo triste, pero cierto.

Pegaba el frío, pegaban los tequilas y los mezcales en mi garganta y en la garganta de otras 2 alemanas que me acompañaban en la víspera del año nuevo, se fue sumando gente a nuestra fiesta, para la media noche, esas botellas de tequila y mezcal ya habían sido ingeridas por personas de más de 10 nacionalidades, ya tendrán una imagen de la fiesta que se había convertido el hostal donde nos encontrábamos, además de acompañar todo con una delicia de guacamole y chapulines, uno de mis platillos favoritos! Salimos todos enfiestados a los andadores de San Cris, donde la fiesta se vive prácticamente todos los días, mucha música, mucho baile… terminamos en una fiesta en la casa de una persona chiapaneca, había comida exquisita de la región, el tradicional Pox, una bebida tradicional de la región que cuando menos te das cuenta, la cabeza te da vueltas, vivimos un ritual muy interesante con un par de chamanes, nos enseñaron varias palabras en el idioma Lacandon  que ellos hablaban, el anfitrión de la casa hablaba español, inglés, alemán y 2 idiomas nativas chiapanecas, sumamente increíble, creo que todos los mexicanos deberíamos de hablar una de nuestras lenguas nativas, debería de ser algo de primaria, es muy triste que perdamos tanto la conexión con nuestras raíces. Una noche llena de cosas místicas, era como estar en la entrada de un mundo nuevo, un mundo tan Mexicano, simplemente espectacular.

Chiapas es indescriptible, tienes que estar ahí para darte cuenta de porque le dicen el estado más verde de México y uno de los más interesantes en culturas, recorrer el Cañón del Sumidero, estar en Palenque, caminar por la Selva Lacandona, deleitarte con tanta gastronomía, impactarte con las innumerables cascadas que tiene, apreciar la perfección de las aves en la Sima de las Cotorras, conectarte con tu esencia y regresar mucho más enamorado de México!

Autor: Alejandro Romero Cofundador de Mexcovery

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